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narrativa

OTRA VEZ SÁNDOR MÁRAI…

Si con El Ultimo Encuentro ya captó mi atención y mi gusto por su escritura, esta novela vuelve a encandilarme…

Me recuerda estos tiempos de crisis en que tantas cosas cambian y queremos creer que cuando se arregle volverán, y nada vuelve como se fue; ni de las cosas externas ni siquiera de lo que cada quién es, tragedia y belleza enlazadas en un punto, en esta obra de este gran escritor.

Daniela

 

Sándor Márai

Sándor Márai

EL TREN QUE SE LLEVÓ LA CUNA

EL TREN QUE SE LLEVÓ LA CUNA

 

Del nacimiento de su hermana, recordaba un viaje en tren. Aquél viaje con el padrino, un mes antes del nacimiento, la llevó a la casa de los abuelos. Allí disfrutó de los últimos días de su reinado la pequeña princesa sin corona. Todas las atenciones pendientes de ella, hasta la tía Celestina Gregoria se desvivía por complacerla, a pesar de su nombre de institutriz severa.

Regresó. Otro tren con muchos viajeros dentro,  maletas y bultos, cajas, gente, ella férreamente agarrada a papá, cansada. Descubrió su cuna ocupada y durante muchas tardes se sentó a llorar queriendo volver al tren.

 

                                                                                         Daniela Bartolomé

POTE-POÉTICO DE FEBRERO 2013

El ruidillo de fondo “san balón en la tele”

…y otros santos, partido.

El cuartito del fondo, lloraba en sol, guitarra

con sus cuerdas tensadas, pareciendo un quejido.

Se acercaron poetas paseando a sus anchas,

por entre ¡uys! y tapas y, unas copas de vino.

Federico nos trajo su lagarta de feria, y el

lagarto pareja, ese, lo trajo Petra, con Emeri

a su diestra. A Rubén, Marifeli, le dedicó

canción, poema musicado poema con amor.

Massimiliano viene con aires italianos,

albaquias en espejo le hacen saber de amor.

Román pone de moda los versitos y fábulas

“recitaos” de cabeza, -¡ponte de pie, Román!

que todos entendamos- (y…lo hace y ya está).

Rubén con maquinita que le chiva al oído los

versos que deleitan a otros y al lugar. Pepe,

sueña en la Alhambra un cuento, uno de mil;

de mil noches con lunas alumbrando el candil.

Pablo compra los pisos con vistas hacia el

monte: Pagasarri, Ganeko, Artxanda o el Abril.

Manolo “enamorado” de Alejandra nos descubre

collares que llevan las palomas, torcaces o de cría

¡qué mas da! ambas dos son palomas, palomas.

Miguel con Federico lanza un lance en el ruedo,

donde rueda “Rayuela” y Eduardo lee presto

con regusto y carisma, como ofrenda en altar.

Antes de despedirnos Gonzalo, presuroso,

notifica que Wendy, acaba de ser mujer.

Acaba todo en la lata, la de los pensamientos,

sí amigos, ¡la que come, solo, papel!

daniela

Esperamos que os guste esta crónica del pote-poético de este mes de febrero frío e invernal que nos toca, pero (y ya sé que es un tópico: a mal tiempo buena cara) creo que como la que tuvimos ayer por la tarde. Gracias amigas y amigos, nuestro agradecimiento a Narciso y Jesús, de Taberna Zabala por el espacio, a José nuestro guitarrista, Román, Massimiliano, Miguel, Pablo, Eduardo, Ana, Manolo, Eva, Gonzalo, Petra, Emeri, Rubén y Marifeli. Fue un placer.
Y este mini poema de propina, gracias.

LA DE LA GUITARRA AZUL

Guitarra, que estás

alegre y azul

en el cuartito

el fin de mes.

Alegras a Rubén,

al pote-poético

también. Gracias Fel.

daniela

 

 

Os informaremos de la convocatoria de Arte Postal Pote-Poético para que vayais poniendoos las pilas.

La Lata de los Pensamientos nos deja esta cosecha:

 

Antonio y Daniela

CONTRABANDO ANIMAL

CONTRABANDO ANIMAL

 

En los arrabales. Alguien que parece viejo, está sentado frente a un ordenador leyendo a un remitente con las iniciales LAB:

“…muestreo encefálico y para ello necesito unos sesos de bóvido (a ser posible muflón, macho, de cuatro años) además la cornamenta  quedaría genial en mi casa de campo. Apáñame una “cacería ” todo sea por invertir en ciencia ¿eh, viejo? Lo demás como siempre.”

Contesta “viejo” con sus uñas enlutadas, mugrosas, que hace años no han pasado por el grifo y que denotan el negocio de usura al que se dedica, -sacar tajada con ellas es sencillo-, haciendo un ruidito asqueroso sobre cada tecla, contesta lacónicamente:

-         hecho – y mira  su reloj de pared.

En el arrabal no hay semáforos. El péndulo del reloj del S. XVIII se balancea en pos de la medianoche.

Daniela Bartolomé

MARQUESINA CLUB SOCIAL

≈MARQUESINA CLUB SOCIAL≈

Ese calor pegajoso y obsesivo, que presagia tormenta de verano se colaba por el cristal lateral izquierdo. El cristal, como una lupa, facilitaba el calentamiento del banco justamente en el sitio que utilizaba Pepa. El resto del espacio, separado por fronteras invisibles, era el ocupado por Evarista y Mercedes respectivamente. A sabiendas del lugar que ocupaba cada quien, lo siguiente en repartirse era el suelo. Debajo del lugar de Pepa, sesteaba Pinito su perra chihuahua, cuyo nombre aludía a la tan famosa trapecista, sin red, Pinito del Oro; se lo puso Genaro por los volatines que daba para coger un trozo de galleta de su mano. En el extremo opuesto un perrazo grande de lanas grises y enormes bigotes, Sherlock y su inseparable (¡Watson, no!), Bos, que dormitaba a pata suelta encima del pie de Mercedes. Así perros y dueñas, dueñas y perros sabían exactamente cual era su lugar en el pequeño espacio de la marquesina, que como en un cuadro del más puro realismo se hacía físico todas las tardes entre las cinco y media y las seis menos diecinueve. Hora esta en la que el sol de espaldas cubría la marquesina de sombra.

BANDO

Se hace saber a todos los vecinos/as propietarios de animales domésticos (perros, gatos…) que la fecha para la vacuna antirrábica será el próximo día 17 del mes corriente en horario de 11.00 a 12.00 horas junto a la iglesia de S. Miguel.

 Leía Evarista con sus gafas sobre la punta de la nariz y advertía, – ya sabéis majas a vacunar a los sacos de pulgas-. Pepa y Mercedes se miraban con resignación a sabiendas de que no eran los canes santos de la devoción de Evarista, ni mucho menos; eso sí, que no rondara el pueblo un nuevo chatarrero, albañil, enterrador o cura, que sus ojos, aún sin las gafas, lo radiografiaban milímetro a milímetro. En otros ámbitos y para referirse a ella la apodaban “la casta”. Con mucha sorna. Evarista mujer entrada en años, ochenta y tres mayos, y en carnes presumía de que a sus “…taitantos” era virgen. Mercedes, cuarentona y Pepa septuagenaria, viudas ambas, cuando surgía este comentario la contestaban casi al unísono y con malicia, – ¡ay, no sabes lo que te pierdes!-

A la mente de Mercedes llegaban imágenes meteóricas y se trasponía, por unos segundos, recordando a su Luis Alfonso y los apuros de la noche de bodas. A la velocidad de la luz todo quedaba conjugado en una sonrisa apenas esbozada en su rostro con cara de lela. Un camión recogía la basura y con claxon chillón y voz aguardentosa les decía el conductor: “señoras esos putos perros”. Pinito y Sherlock como dos camaradas bien compinchados acosaban al camión por los flancos con el peligro de ser atropellados.

“Dita sea, los jodidos chuchos” mascullaba el del camión masticando el Faria entre los dientes. ¡Grosero, bruto! espetaba Pepa levantada de su sillón vitalicio para acto seguido llamar a Pinito y cogerla en brazos. Pepa quería a Pinito como si fuese la reencarnación de su Genaro, y acariciando la cabecita de su chihuahua se ensimismaba en tiempos pasados…cuando su “Gero” como le llamaba cariñosamente y solo en la alcoba, la quería hacer el amor como si fueran trapecistas. El lumbago de aquella vez fue de quitarse el sombrero. Soltando la perra de sus brazos, y aún de pie, se pasaba la mano en jarras por las lumbares, evocando…

Por aquellos días de junio, ya verano, raro era el día que no aparecía algún vendedor de algo o comprador de otro algo. Una furgoneta pequeña y destartalada, de puro vieja, no hacía honor al hombre añoso y cano que la conducía, afeitado, peinado con raya, con la camisa clara remangada hasta los codos y un habla cordial y campechana, Peru el retalero. Paró el motor al lado de la marquesina, saludó a las marías y les enseñó cortinas, manteles, retales, ropa de cama, de hogar, trapos de cocina.

Ellas glamurosas desde sus tronos con dosel, le reían los requiebros, que él sabiamente mezclaba con toda su trapería. Evarista que era buena costurera y caprichosa, como buena solterona, se enamoró de una tela roja a la que miraba y ya veía el vestido que, fantástico, se haría con ella. En esta fascinación mental por el vestido rojo añadió:

“Necesitaría que viniese usted otro día a medir las ventanas para las que quiero esas telas de cortina”. El contestaba simpático y galán – no se preocupe señora Evarista yo vengo cuando usted me diga con cinta métrica y todo-

Pepa y Mercedes a raíz de aquello vieron a menudo la furgoneta del retalero, que hasta entonces venía cada quince o veinte días. Evarista faltó varias tardes a su cita vespertina en la marquesina alegando la costura y el cambio de cortinas de toda la casa, y añadió:

-… además me ayudará a poner los nuevos rieles, dice que es muy “apañao” para eso del bricolaje-

Lo primero que le encargó fue el retal rojo, para ir entre tanto cortando y cosiendo el vestido que se había imaginado. Por la tarde las ventanas abiertas  en casa de Evarista dejaban entreoír la radio y un pedaleo de, máquina de coser, continuo y cadencioso, con pequeñas paradas; y un chirrido de taladro que se mezclaban en doméstica sinfonía. Dejó de oírse una tarde de miércoles y a la hora concertada, Evarista hizo acto de presencia entre Mercedes y Pepa.

-¿qué tal ha ido todo, has terminado de coser y renovar cortinas?-, le preguntaron.

Asintió aclarando que lo más trabajoso era limpiar el polvo que se generaba taladrando, aunque el retalero era bastante cuidadoso. Pero ya se sabe, esas máquinas infernales, ruidosas, ¡amén de prácticas! El viernes Pepa y Mercedes estaban ya sentadas a la sombra de la marquesina, Evarista no llegaba. Ambas se preguntaron qué le habría pasado, extrañadas. En estos interrogantes, apareció, como de la nada, con su fulgurante vestido rojo con escote de pico y cinturón a juego. Radiante, satisfecha, sabedora de la envidia generada, con un placer recóndito que la aseguraba que los “…taitantos” también era buen momento para dejar de ser…, unas sandalias y bolso beiges a juego y un poquito de carmín en los labios.

El reloj de la iglesia daba las seis, y en la cuarta campanada por la esquina de la carretera, asomó la furgoneta destartalada, que aparcó frente al pórtico.

Sonando la sexta campanada llegó hasta ellas Peru y saludó. -Buenas tardes señoras mías ¿qué tal están? Sin esperar respuesta cogió de ambas manos a Evarista dándole un sonoro beso que hizo sus delicias. Pepa y Mercedes con caras perplejas se miraban y le escuchaban decir, -no te quejarás, mi reina, a las seis en punto en el club social- con los ojos fulgurantes de “txiribitak” rojas por el reflejo y la felicidad.

 

Daniela Bartolomé

 

 

 

 

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